1)
El ángel caído. Dedicado
a Efrén, el vecino que cayó desde la ventana de la casa de sus padres con una
jeringuilla clavada en el pie y que da cuenta del ambiente del barrio en el que
vive.
“Vi caer como ángeles terminales a una generación entera
de muchachos. Adolescentes con la piel gris a los que les faltaba dientes, que
olían a amoniaco y a orina. Franqueaban con sus escorzos la salida del metro de
San Blas en la calle Amposta y las praderitas del parque Paraíso como cristos
de Mantegna. Cubiertos de agujas como San Sebastián. Sentados o tendidos de
cualquier manera. Moviéndose apenas, lentos y sincopados como muñecos rotos.
Con la sonrisa elevada de los crucificados. Indefensos pero ya flotando en
lugares en donde nadie podía tocarlos. Los vi brotar y hacerse cada vez más
lentos hasta alcanzar la quietud final y descomponerse en el fango que se
acumulaba en nuestro barrio con nombre de santo pero dejado de la mano de Dios.”
[p. 11 en versión papel, p. *7 en versión digital]
2) La bruja del final de la calle. María, la Peluca,
o el temor como forma de lograr el respeto.
Descripción del vecindario: “bloques de tres alturas de
ladrillo rojo y escaleras exteriores de cemento. Este paisaje arquitectónico
que se repetía por todo el barrio, en ocasiones se veía interrumpido por algún
solar maltrecho, lleno de vidrios rotos, restos de papel de aluminio, jeringuillas
y materiales de construcción inservibles. Estas mellas en las hileras de
viviendas, si hubiéramos podido mirarlas desde lo alto, le daban al pavimento, un
aspecto de encía enferma, como si enormes dientes hubieran sido arrancados aquí
y allá, sin lógica alguna, y solo dejasen detrás una infección incurable y un
vacío grumoso. Excepto el parque y las propias casas, aquellos basurales,
aquellas nadas, eran los patios de recreo de los niños del barrio y sus propios
morideros cuando se hacían suficientemente mayores para meterse caballo.” [p.
16]
La Peluca maldijo a dos chismosas: una parió un niño enfermo
que murió a los ocho años y la otra fue la madre de la narradora (Alejandro,
más conocida como Álex).
3) Di mi nombre. Álex balbuce a la Peluca que su nombre es Aaaa… Los
padres de Álex le hacen llevar un parche en el ojo izquierdo porque se le
tuerce.
4) Barbazul vive en el bajo izquierda. La historia del maltratador
(y probablemente narcotraficante) Aurelio y su familia: Gema, su hija mayor, con
más de 25 años, a la que también se llama Lady Godiva por su encierro y de la
que abusa sexualmente su padre; Luisa, su mujer, pasiva y obediente ante la
brutalidad; Laura, su hija menor, de 16 años y estética gótica que se
prostituye con viejos fantasiosos de hacerlo con una niña hasta que ganó
bastante dinero para escaparse, y Saúl.
En cambio, los padres de Álex son cariñosos y responsables,
la madre, Jimena, es limpiadora y cocinera desde los 12 años, y el padre es un
trabajador sindicalista, comprometido con las causas justas, aunque ni él ni el
resto de hombres del edificio se inmiscuye en los abusos de Aurelio.
5) Flotando sobre los escombros. Describe a Saúl, el
hijo mediano de Aurelio, muy guapo, probablemente gay, y que también pronto
abandonará el hogar.
6) Ráfagas brillantes. Un susto despierta a la familia de Álex: en el piso
vecino, Gema ha atacado a su padre, que será llevado al hospital.
7) Las chicas. Describe a su madre, Jimena, trabajadora desde los
doce años y con la limpieza de la casa incrustada en su ser. Con el nombre de “las
chicas”, se refiere a una tienda de ropa a la que Álex (ya con nueve años) iba
con su madre y dos tías, y en la que disfrutaba del ambiente femenino. Comenta la
movida madrileña como algo ajeno al barrio San Blas, y del sida, discutiéndose
si era peor tener sida o un hijo maricón. Aparecen las palabras disforia, trans,
binarismo, sororidad:
“La disforia, que ni siquiera sabía que se llamaba
así, ocupaba tanto espacio mental y tanto desagrado físico ya, con nueve
malditos años, que casi no dejaba lugar para nada más” [p. 53] “Lo
primero que una niña trans aprende cuando el entorno es hostil a su causa,
antes incluso de saber que lo es, cuando todo son intuiciones, es a controlar
la ilusión, o a fingirla hasta que casi ni ella misma sabe cuándo es cierta y
cuándo no.” [p. 56 y *35] “La construcción del binarismo era feroz en
ese inicio de década. La pompa andrógina de los ochenta solo fue un espejismo
para activar nuestros deseos y hacer nuestros anhelos más dolorosos por
tenerlos tan presentes y tan lejanos” [p. 56] “y lo impregnaban todo de
una sororidad salada que rompía mi pequeño y travesti corazón.”. [p. *36]
8) Carita de piedra. Margarita y “sus bultos” (protuberancias en la cara por
pésimas infiltraciones de silicona), una persona trans que había alcanzado la
misma libertad que Bibi, Sylvester, Cris Miró, Amanda Lear o Tula Cossey, a
pesar de no haber alcanzado su belleza.
“Sylvester, Bibi, Amanda Lear, Tula Cossey, Cris Miró. No
me atrevía a pensar que esa era la que quería que fuese mi vida, aunque una
punzada de euforia me llenaba el pecho solo mirándolas. No podía desearlo. todo
lo que había oído sobre ser como ellas contenía palabras que se parecían a las
que se usaban cuando se hablaba de alguien que está enfermo. También palabras
de aflicción o de vergüenza.” [pp. 61-62]
9) Las mujeres solas. Margarita cuidaba con esmero a su madre, hasta la muerte
de esta, era amable y solidaria con sus vecinos, antes fue prostituta y luego
limpiadora, y ya muy madura sufría dificultades para encontrar trabajo. “La
ejemplaridad que se le exigía a Margarita tenía que ver con la sumisión.”
[p. *43]
10) El mismo bosque. Margarita envejece y pierde salud, y su madre
fallece. El funerario que transporta el cadáver se burla de la trans y entonces
un vecino, Sebastián, la defiende. Álex reconoce por primera vez su afinidad
con la trans Margarita.
“Yo trataba de encontrar en alguna parte un lenguaje de
orgullo y de fuerza para poder explicarme de una maldita vez, pero no lo
lograba por más que buscase. De niña no me daba miedo pensar en ser así, ni
fantasear con ello, me aterraba la reacción de los demás viendo cómo se
expresaban sobre algo que era tan bello. El desprecio con el que lo hacían, la
repugnancia que parecía causarles. Fueron estas conversaciones ajenas, las
que se supone que una no está escuchando, las que me convencieron que era un ser
torcido que debía ocultarse.” [p. 62]
11) Jay. Jay
es el primer amor de Álex y se conocen en una escuela de artes marciales, pero
Álex se dedica más al baile en su cuarto, en un tiempo de entrada en la
adolescencia en el que su cuerpo cambia. Jay, hijo de un militar estadounidense
y una profesora francesa, le da el primer beso, en el cementerio de la
Almudena. Los y las homosexuales adolescentes sufren mucho en los años ochenta:
Daniel, Alicia, Benjamín.
12) Más allá de San Blas. Álex, a los 14 años, y Jay tienen los primeros (demasiado
breves) encuentros sexuales, y van al barrio de Chueca y entran al bar
Figueroa, un antro gay, en el que trabaja el maduro camarero Antonio. “Nada
de malo le encontraba yo a mis catorce años a la cultura sexual furtiva, a los
espacios apartados y el sexo esporádico….” [p. 103, *64]
13) La familia. El camarero Antonio del Figueroa, cuya familia (la pareja,
los amigos y otros) está ausente por el sida y sus fotos ornan una pared, les
da condones y les advierte del peligro de hacer el sexo sin protección. Álex se
hace amigo suyo y Antonio le deja a Álex las llaves de su piso.
“No sabía cómo se tomarían los habitantes del café las
vidas de las mujeres con yo, seguro que conocían a alguna, intuía que si
existía una opción de arrojarse al vacío de la libertad y caer sobre la hierba
fresca y mullida, sería entre personas como aquellas, a las que apenas había
vislumbrado en lo que se tarda en tomar un café y besarse hasta que se duermen
los labios.” [p. 107, *67]
14) Per Sempre. El piso de Antonio, su primer (y último) piso de amor.
“a qué travesti le acompañaba con orgullo por la calle su
familia, qué conversación en la que se renegase del género con el que se había
vivido se daba en términos de ligereza, que nada tiene que ver con la
importancia. No se me ocurría una forma de explicarse que no fuese a través de
la seriedad, la preparación dramática del terreno, la culpa y la anticipación
del rechazo.” [p. 120, *75]
Jay: “Nunca más te llamaré Álex. Para mí, si quieres tú,
te llamo Sempre. Solo Sempre.” [p. *77.]
15) Profecía autocumplida. Les descubren un gesto amoroso en el gimnasio, hay una
delación, y la familia de Jay le aparta de Álex, quien cae en la depresión.
16. Nocturno. Álex tiene 18 años se viste de mujer en sus salidas
nocturnas, pero se cambia de ropa antes de llegar a casa y esconde la otra en
su armario.
“Me vestía con la feminidad justa que aplacase mis pulsiones
unos días más pero con la ambigüedad suficiente como para poder excusarme como
mariconcito dark si hacía falta.” [p. 138]
17) No pasa nada. Sufre en la vida familiar por no poder revelar su
elección sexual. Un amigo de Álex le dice que no quiere pasar por Chueca en su
regreso a casa porque no le gustan los maricones.
18) Marrano. Desdoble de personalidad de Álex, que para aparentar
masculinidad asiste al fútbol con su padre y allí sufre cierta maltrato por
parte de Marrano (al que llaman Marra), un forofo violento y racista, del que
su padre le protege.
“Mi padre había sido siempre un protector nato, mi madre
también, solo que ella lo hacía de forma más aparatosa, como una felina grande
y ruidosa capaz de morder al suelo para aislarlos de todo lo malo. Mi padre,
aunque pequeño de tamaño, siempre tuvo el aplomo de un gran paquidermo, era un
muro entre nosotros y lo que nos amenazase. Tenía una energía muy contundente
que convencía a cualquiera de que no era buena idea ponerle a prueba.” [pp.
154-155].
19) Calipso. Su hermano Darío. Experiencia sexual fallida
con una mujer, Estrella, a la que conoce en un baile y por la que siente
auténtico deseo, pero teme ser atrapada para siempre en el cuerpo de un hombre,
como le ocurrió a Odiseo con Calipso (Estrella) en su isla.
“Mi hermano Darío era uno de los hombres buenos. Me
sacaba casi cinco años. Practicaba una forma de hombría amable y protectora,
heredera de las actitudes paquidérmicas de nuestro padre. Solamente
observándole quedaba claro que algún día tendría hijos a los que trataría con
devoción y sería un esposo atento y cariñoso. Todo en él dibujaba esos
contornos de bondad y responsabilidad clásica. Me cuidaba como podía, como yo
le dejaba, que era poco. A los hombres les enseñan a hablar, no a conversar, y
no hubo forma de romper la barrera de mi miedo y de su prudencia para hacer
preguntas.” [pp. 158-159, *99].
20) Eugenia. Conoce a Eugenia, una prostituta ya muy mayor llamada
Moraíta por su aspecto de mora.
21) Las Moiras. Las Moiras en la mitología griega son la personificación del
destino: Cloto, hila la hebra de la vida con una rueca y un huso; Láquesis,
mide con su vara la longitud del hilo de la vida; Átropos corta el hilo de la
vida, elige la forma en que muere cada hombre, seccionando la hebra con sus
«detestables tijeras» cuando llega la hora. En este caso las que Álex
llama Moiras son Eugenia, la Moraíta; Raquel, la Cartier, y Paula, la
Chinchilla, tres personas a las que ella se une cuando sale, entre las que se
siente a gusto y no se avergüenza de mostrarse como quiere ser. Eugenia, su
confidente, la avisa de que se está degradando por no aceptar definitivamente
su condición de mujer.
“Has intentado de todas las maneras mantenerte macho, por
lo que me has contado y lo que yo veo, pocas lo han intentado como tú, en eso
te doy enhorabuena, hace falta una determinación bien cabrona para llegar hasta
donde has llegado. Veo cómo te desmoronas mes a mes, cómo se te hace ausente la
mirada, ya te lo he dicho, marica, me asusta, y yo no me asusto nunca. No te
digo que tengas que hacer algo ahora mismo, no te digo que tengas que hacer
nada, pero sí que lo tengas en mente y dejes de jugar a las muñecas en el
ratito de patio que te concedes en la cárcel.” [pp. 188-189, *117]
23) Un reencuentro. Ha trabajado en varios oficios, el último una cuadrilla de mudanzas, y ha logrado acabar, aunque muy tarde, el bachillerato y la Selectividad, para apuntarse en Historia con la idea de especializarse en Medieval [como la autora]. En la Navidad sale a comprarle unas botas a Eugenia y ya se atreve a vestirse de mujer y salir a la calle en su barrio, decidida a mostrarse auténtica, pero entonces sucede el reencuentro en el barrio conservador de Argüelles con el violento y funesto fascista Marrano [“¡Sieg Heil, puta!", p. 210, *130], aquel al que su padre le aconsejó no acercarse, que manda en un grupo fascista que la golpea hasta la inconsciencia.
“Cómo se narra la nada, cómo se hace memoria de una vida
muerta, cómo. Me lo quitaron todo y no quedó brasa que avivar. Se acabó el
aquelarre, se acabó el orgullo de los tacones, el armario se cerró sobre mí
como un ataúd. Adiós a todo eso. Adiós a mi vida (…) Pataleé por
instinto, por furia, por hambre, por venganza, por amor, porque no podía morir
así antes en la memoria del mundo que en mi propia conciencia. Ascendí, más
arriba, más arriba, más azul, más juego de luces…” [p. 213, *131]
24) La piel fría. Tras la brutal paliza (tenía 21 años) Álex se rapa el pelo y
encierra su cara femenina. Tira toda su ropa femenina el 2 de febrero de 2000.
Pasan 13 años y los últimos 10 ha trabajado de librera, y ha acabado la carrera
y especializado en Historia Medieval, y comparte piso, lejos de San Blas. Tiene
episodios de desorden mental, en los que le sostiene su hermano.
“Era una mujer y eso no se me podía extraer como si fuese
un tumor, peo sí se podría inhibir si se aplicaba la suficiente presión. Y eso
hice yo misma. Aplicar presión y crear ni celda por dentro. [p. 219, *135].
25) Volver.
En marzo de 2012, con 34 años, en medio de la gran crisis social, ya no puede
mantenerse ni siquiera con su trabajo fijo a tiempo completo en la librería ha
de volver a casa de sus padres en San Blas, donde la reciben encantados y
generosos.
“En marzo de 2012, con treinta y cuatro años, tuve que
volver a San Blas por ser incapaz de mantener yo sola un techo en el que caerme
muerta, aun con contrato indefinido a jornada completa. Fue demoledor.” [p.
223, *137]
Pero sus padres se sienten culpables de que ella sea
infeliz:
“Estaban convencidos de haber cometido errores fatales
que habían hecho de mí una desgraciada. Lo percibía en cada expresión, en cada
gesto y en cada reacción a mis silencios ausentes. En mi pecho, en mis
costillas, en mi garganta se agitaba una mujer que rogaba poder tomar el mando,
ella sí tenía las palabras exactas ella hubiera sabido cómo abordar con
delicadeza y comprensión una conversación que podía ser dura pero que prometía
ser liberadora para todos.” [p. 226, *138-139].
26) Un plato de setas. Reencuentro con Margarita, pobre y enferma terminal de
cáncer, y decide cuidarla, un modo en el que Álex recupera su personalidad.
27) La gata bajo la lluvia. Álex cuida de Margarita en sus últimos días y una noche la
deja arreglada y con un disco en marcha de Rocío Durcal, Confidencias.
28) Todas las mujeres. Muy temprano, imaginando ya lo que ha pasado, regresa
a casa de Margarita, ya fallecida, con el disco dando vueltas en el vacío.
Llama a la ambulancia y prepara el cadáver para el velatorio.
“No tenía nombre pero existía. Habitaba mi propia leyenda.”
[p. 252. *154]
Fuentes para comentario.
Enlaces.
[https://lilianacosta.com/la-mala-costumbre/]
[https://bibliotecacompartida2021.wordpress.com/2023/11/09/alana-s-portero-la-mala-costumbre/]
Entrevistas a Portero.
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